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Peña Sevillista de Arcos de la Frontera

El Sevilla se juega la alma del proyecto Almeyda. El Betis, apenas el trámite de siempre.

El Sevilla se juega la alma del proyecto Almeyda. El Betis, apenas el trámite de siempre.

Este domingo 30 de noviembre, el Ramón Sánchez-Pizjuán abrirá sus puertas como las abre un templo antes de una liturgia decisiva. Saltarán dos equipos al césped, sí… pero no dos equipos iguales. El Betis de Pellegrini llega con su proyecto asentado, su cupito europeo asegurado y su sonrisita de quien vive cómodo en la parte alta. Ellos vienen a por tres puntos y a pulsar, una vez más, la eterna rivalidad de una ciudad partida en dos colores.

Pero el Sevilla FC, ay, el Sevilla… llega jugándose mucho más que un partido. Se juega la credibilidad, la fe en un proyecto que ha ofrecido más sombras que luces pese a competir sólo de domingo a domingo. Se juega el respeto. Se juega el alma.
Y nosotros, los sevillistas, lo sabemos. Por eso la grada será fuego. Porque aquí, el esfuerzo, el sacrificio y sudar la camiseta no se negocian. Nunca.

Mención aparte y bien aparte merece el Consejo de Administración, ese palco de cartón piedra que vive más preocupado por exprimir el valor de unas acciones en caída libre que por el pálpito de un club centenario. Y el presidente de pega, ese pelele que se hace llamar presidente, mientras la institución se desangra entre mala gestión y pérdidas que aún duelen. Ellos van por un lado; el Sevilla y su gente, por otro.

La derrota en Cornellá, ante un Espanyol del montón, no hace sino agrandar la urgencia de ganar en casa. Y el destino, caprichoso, decide que sea justo ahora cuando llega el eterno rival. Ese rival al que antes mirábamos desde arriba, cuando el cartel de favorito vestía de rojo. Hoy la historia es otra, y precisamente por eso duele más. Y por eso hace falta más.

Yo apostaré con el corazón: todo al Sevilla. No sé ni puedo hacer otra cosa.
El estadio tiene que rugir como nunca, sin mirar al palco donde habitan mercenarios y felones. La afición, a lo nuestro: animar, apretar, exigir que los nuestros se dejen el alma en cada choque, en cada carrera, en cada balón dividido. Que afinen la puntería, que atrás levantemos una muralla de hierro y fuego, como las de antes, las que hacían temblar hasta al más valiente de los delanteros.

El Sevilla FC se juega la credibilidad del proyecto Almeyda en 90 minutos.
Noventa. Sin prórroga. Sin excusas. Y nosotros, los que llevamos el escudo tatuado por dentro, tenemos que salir del estadio sin voz, vaciados, entregados. Una noche más de dejarnos la garganta, la vida y el corazón por este club centenario al que amamos con un fervor que no entiende de clasificaciones ni de directivas indignas.

Porque el domingo, hermanos, toca morir por el Sevilla.
Y si hay que resucitar, que sea cantando bajo el cielo de Nervión.

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